Las fuerzas involuntarias sobre nosotros, de aquellos que no te hacen diferenciar entre sentimiento y sensación, podría definirla como una violación del alma.
Escondemos el instinto pisado por lo real para hacer de ello un cuerpo ficticio de todo lo que deseamos a raíz de nuestras vivencias más marcadas, porque al fin y al cabo, esa realidad escondida es, la mezcla perfecta con la ficción creada por nuestros deseos más intensos, y esos mismos deseos, se reflejarán de por vida en aquellas marcas, éstas, hechas sin nosotros haberlo consentido.
Nos han violado las ganas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario