Tengo ese tipo de corazón que muerde, y sólo porque estás, se perfumó y las mariposas del estómago ya no temen.
Suelto una pequeña carcajada irónica para aquellos insensatos e ignorantes, nómadas entre corazones, que buscan, o quizás, cosa que me apena, desconozcan la armonía perfecta que se autoabastece por la complicidad creada, sin forzar, fluyendo.
Y cómo fluye.
Y cómo fluímos; casi puedo sentir semejanza con la mimetización de nuestros flujos sanguíneos, algo parecido a un Correr por las venas, pero en dirección contraria.